sábado, 20 de junio de 2015

Digan gracias.


 Por: Juan Francisco García. 

Déjense de joder. Perdón, pero déjense de joder con Neymar.  El linchamiento al crack, desde la tribuna de la moral que aboga por el buen comportamiento…. no, no tiene lugar, hay que parar. ¿Qué le critican? ¿Su agresividad al terminar el partido contra Colombia, sus encuentros verbales con Zuñiga? ¿su mala ostia con la prensa una  vez se acabó el partido? ¿De verdad? De verdad se quedan con eso.

Neymar venía de jugar más de 50 partidos con el Barcelona, aterrizó en Chile a comandar un barco roto, sin gracia, una Brasil que sólo es Brasil cuando el número 10, con su cresta y sus tatuajes y su mala ostia –la mala ostia del gerente que debe poner a funcionar una empresa mediocre-  está en la cancha; sin sus cabalgatas endiabladas, sin su gambeta inexplicable, sin su técnica perfecta para asistir, sin su comprensión cabal del juego,  el barco se hunde. Y entonces pierde 7 -1 en casa, y entonces, cuando quien lo marca se juega el partido de la vida y logra neutralizarlo –sí, hablo de Sánchez- Brasil vuelve a perder. Brasil sin él ya no da miedo, Brasil sin él es vulnerable, Brasil sin él no es candidata.

Volvamos al juego. En el début contra Perú fue lo que es: un artista, un rockstar, el actor protagónico. Ser pieza clave en  el Barcelona del triplete, dejando claro que ya no es la sombra de Messi sino su escudero, su interlocutor, entrar con creces en el club vip de los elegidos, de los imprescindibles, no basta: como a Messi, aun le pasan la factura de la selección.  Y ahí, en el frío de Temuco, con 22 años y la cinta de Capitán, se hizo dueño. Fue Brasil. “Todo a Neymar” parecía ser la orden de Dunga. Guapo, se echó al hombro a su selección y fue el faro para poner en riesgo la muralla que le plantó Gareca. Al minuto 92, ojo, cuando el infierno de las dudas y las críticas parecía otra vez venírsele encima a la pálida “verdeamarhela”, el crack  cabalga por la izquierda, junta rivales, se hace enfocar por todas las cámaras y, con la sencillez que solo le es posible a los genios,  nos engaña a todos y asiste.  Gol. Gana Brasil. ¡Abrácenlo!

Tres días después, cansado, golpeado, otro infierno para el crack: Colombia. La selección de Pékerman jugó un partido gigante. En todos los sectores encontró una presión férrea, sincronizada, asfixiante. Y Sánchez ¡saben que es jugar contra ese Sánchez omnipresente, incansable, fortísimo! Pero Neymar –¡de 22 años!- fue al frente. Incansable pidió el balón al pie. Incansable se movió por la izquierda, por la derecha, por el centro. Incansable y valiente  se peleó con todos: con Murillo, con Zuñiga, con Sánchez, con Armero. Cada vez que tuvo el balón fue un parto para la “tricolor”.  Comprobamos todos que contra los elegidos la pizarra tiene sus límites.

No le alcanzó, es cierto, esta vez no pudo salvar el barco. Colombia 1, Brasil 0.  Y la foto final es la de un rockstar enfurecido con su banda. Sus compañeros no le dan la talla. Dunga no logra siquiera una mediocre simulación del  ambiente ideal con el que cuenta el crack en España. Brasil es infértil. Y Neymar explota, habla de más, se hace expulsar. Cuatro fechas de sanción, adiós Copa América, abandono del crack. ¿Reprochable? Quizá. Pero hasta ahí. El linchamiento radical al crack es torpe y mezquino. Con todo el respeto, apedreadores, déjense de joder y, ya que les gusta el fútbol, agradezcan que el azar, no contento con hacernos coincidir con el alien argentino, también nos puso a disfrutar a Ney. Digan gracias.

1 comentario: